La noche de antes de morir, Jesús reunió a los doce para celebrar la Pascua y les sorprendió con una noticia: uno de ellos le iba a entregar. «¿Soy yo, Señor?», fueron preguntándole algunos.
Antes del alba, Cristo iba a ser prendido y, según él mismo advirtió, Pedro le negaría tres veces antes de que cantase el gallo. La narración de las Escrituras no puede contrastarse con ninguna otra fuente de la época, pero sí puede apoyarse en los restos arqueológicos que han llegado hasta nuestros días.
En el caso de la Última Cena, se cree
conocer el lugar exacto donde esta tuvo lugar. Los Evangelios no desvelan a
quién pertenecía esta casa, pero a día de hoy se puede visitar en Jerusalén. Es
el llamado Cenáculo y allí es también donde se encontraban los apóstoles
cuando bajó el Espíritu Santo en Pentecostés. Epitafio de Salamina, un
obispo y escritor del siglo IV, cuenta que la iglesia que allí construyeron los
primeros cristianos siguió en pie después de que el emperador Tito arrasase
toda la ciudad en el año 70 y desde el primer Concilio de Constantinopla (año
381) es considerada como la madre de todas las iglesias. Una peregrina del
siglo IV, Egeria, autora del famoso Itinerarium Egeriae, afirma que en
este templo se encontraba la columna en la que fue flagelado Jesús.
Interior del Cenáculo en Jerusalén


















