sábado, 30 de noviembre de 2019

El Papa visita Tailandia y Japón y proclama mensaje de paz.


           VIAJE APOSTÓLICO



    Del 19 al 26 de noviembre de 2019, el Papa Francisco ha visitado Tailandia y Japón.
    En tono rotundo, Francisco ha afirmado que «el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen; no solo contra el ser humano y su dignidad, sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. Y asimismo es inmoral la posesión de armas nucleares, como ya dije hace dos años».
     Francisco condenó en Nagasaki el «clima de miedo» que crean las nueve potencias atómicas y reiteró que la estabilidad internacional no puede fundarse «sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total».

Papa rinde homenaje víctimas ataque atómico de 1945, en Hiroshima
    Bajo una lluvia fría, que daba un aire aún más triste al Parque del Hipocentro de la Bomba Atómica —situado bajo la vertical de la detonación a 500 metros de altura el 9 de agosto de 1945—, el Papa ha afirmado vigorosamente que «un mundo sin armas nucleares es posible y necesario».
     Su discurso, pronunciado en español, tenía una fuerza especial en esta ciudad, escenario de la muerte de 175.000 personas a consecuencia de la segunda de las bombas atómicas lanzadas sobre Japón.
     Sumadas a las víctimas de la bomba lanzada tres días antes en Hiroshima, el primer ataque nuclear de la historia causó la muerte a más de 400.000 personas, en su abrumadora mayoría civiles. Un número que solo supera otro memorial del horror de la historia humana: el campo de trabajo y exterminio de Auschwitz-Birkenau, construido por los nazis en Polonia.
    Ante millares de japoneses protegidos de la lluvia con chubasqueros blancos, el Papa dijo a los políticos del mundo entero que las armas nucleares «no nos defienden de las amenazas a la seguridad nacional e internacional de nuestro tiempo».
    Aparte de recordar «el impacto catastrófico de su uso desde el punto de vista humano y ambiental», Francisco rechazó el empleo continuo de la amenaza, y el «clima de miedo, desconfianza y hostilidad, impulsado por las doctrinas nucleares».
    Aparte de condenar claramente el actual sistema de amenaza continua, el Papa abordó otro aspecto malvado del arsenal atómico: «el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo».
    Después de la ceremonia en el Hipocentro de la Bomba Atómica, el Papa recorrió tres kilómetros en automóvil hasta la colina de Nishizaka, la «colina de los mártires» donde recibieron la muerte miles de cristianos, a partir del martirio de san Pablo Miki y 25 compañeros en 1597, durante una persecución que duró 260 años —la más larga de la historia— hasta el siglo XIX.

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